sábado, 12 de noviembre de 2011

Dos retablos de la Virgen del Rosario (Vinaròs)

Retablo Mare de Déu del Rosari, en una vivienda particular de la calle San Cristóbal en Vinaròs.
(inédito hasta la actual publicación)
NTRA. SRA. DEL ROSARIO
En la religión católica, la mediación ante Jesucristo-Dios se reserva de forma directa a la Virgen que ofrece instrumentos físicos tangibles de salvación, por ejemplo un rosario (la Virgen del Rosario), o un escapulario (la Virgen del Carmen). También cumple la Virgen como modelo de identificación materno-filial, así se refleja con el trato como “madre nuestra” en la mayoría de oraciones. La devoción a la Virgen del Rosario se remonta al siglo XIII. Según la tradición, en 1218, la Virgen se presentó ante santo Domingo de Guzmán y le entregó un rosario que el Santo utilizó para realizar sus predicaciones contra la herejía albigense, dejando el encargo a los religiosos de su Orden de generalizar su uso.
La devoción específica a Santo Domingo de Guzmán y a Ntra. Sra. del Rosario llega a Vinaròs a través de las estrechas relaciones comerciales establecidas entre el puerto vinarocense y el de Nápoles, consecuencia de la intensa actividad comercial marítima con Italia. Así pues, gracias a la influencia italiana, se difundieron el culto a Santo Domingo, a la Virgen del Rosario y también a San Cayetano, como santos recientes, novedosos y proclives a hacer gran cantidad de milagros. El 22 de julio de 1570 el dominico vinarocense Cosme Gombau, fundaba la Cofradía de la Exaltación del Nombre de María bajo la Advocación del Rosario. Esta devoción fue difundida por la Orden de los Dominicos a partir de las revelaciones de Santa Brígida. El destacado protagonismo de la Cofradía del Rosario se hizo patente con la decisión del Concejo de la Villa de Vinaròs de poner la calle mayor bajo el patrocinio de Santo Domingo de Guzmán y la calle perpendicular a ésta, que era el acceso al antiguo Ayuntamiento, bajo la tutela  de Ntra. Sra. del Rosario, calle que antes era conocida como de la Carnisseria o de l’Arc (también del Portalet). (Xavier Palomo, 2008, Fonoll, Amics de Vinaròs)


ICONOGRAFÍA DEL RETABLO
Las primeras representaciones de la Virgen del Rosario utilizadas por los dominicos eran una variante de la Virgen de Misericordia, si bien éstos sustituyeron a los orantes bajo el manto de la Virgen (los donantes que habían costeado el retablo), por las imágenes de los santos de su Orden colocados a ambos extremos del mismo, dando al cuadro una apariencia triangular. En este caso, la Virgen y el Niño Jesús entregan sendos rosarios a Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de los Dominicos, y a la primera entre las santas dominicas: Santa Catalina de Siena, representada con corona de espinas, tal como se hallan en el retablo que estamos describiendo. Otro tipo iconográfico nos muestra solamente a la Virgen coronada, con el Niño en brazos, éste con o sin corona, y con el santo rosario en sus manos o en las de su Hijo.


Detalle de la composición central del panel de la Virgen del Rosario sita en la calle de San Cristònal de Vinaròs.


RETABLO DE LA APARICIÓN DE LA VIRGEN DEL ROSARIO A
SANTO DOMINGO DE GUZMÁN Y A SANTA CATALINA DE SIENA.
Se trata de un panel inédito hasta la fecha, ubicado en una vivienda particular de Vinaròs en la calle de San Cristóbal (casa “La Seca”). Está compuesto de dos piezas de azulejos de gran tamaño, con partición horizontal, midiendo cada baldosa: 41 x 41 cm. de lado, aproximadamente.  El azulejo de la parte inferior es cuadrado mientras que el superior tiene su parte de arriba en forma de arco escarzano. Ambos componen una escena presidida por el Dios Padre y la paloma del Espíritu Santo, donde la zona central se halla ocupada por la Virgen del Rosario que sostiene al Niño Dios en su brazo izquierdo, en el momento en que se aparece a Santo Domingo de Guzmán y a Santa Catalina de Siena, situados de rodillas a ambos lados de la Virgen la cual les entrega sendos rosarios. Las figuras de los dos santos dominicos están personalizadas con sus atributos más característicos (Orden de los Predicadores). Enmarca dicho retablo una simulada hornacina de yesería, esta fornícula presenta un marco formado por una repisa en la base y tres molduras estriadas a modo de columnitas que hacen de guardapolvo.



Grabado anónimo de la Virgen del Rosario, siglos XVIII - XIX


OBSERVACIONES
El tema representado está basado en un grabado de la época. Quizá el probable autor del plafón cerámico sea el pintor Juan Ortiz Álvaro. Siendo la biografía de este artista prácticamente desconocida, aunque se sabe que era valenciano y estudió en la escuela de BBAA de San Carlos en Valencia. Conocemos su nombre gracias al retablo Mare de Déu del Desemparats del Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia, el cual posee una inscripción raspada con letra cursiva que contiene su firma (Juan O.), el nombre de la fábrica (José Fos) y el año de su realización (1855). Es con este retablo con el cual se compara el de Vinaròs, existiendo muchas similitudes de estilo, técnica y forma entre ambos.

La cronología de este retablo se aproxima al último tercio del siglo XIX. Se trata de una manufactura realizada en los hornos de la ciudad de Valencia, posiblemente salió de la fábrica de Josep Fos Carbonell, durante la época en que estuvo regentada por Luís y José Gastaldo, cuya producción se mantuvo activa desde 1847 hasta 1887. El cual aprovechó el nombre de su antiguo propietario para firmar obras importantes durante unos cuantos años más. Es una capilla devocional de gran calidad artística, con una técnica y estilo depurados y en muy buen estado de conservación, excepto un desconchado -debido a la humedad- que tiene el esmalte del azulejo en la parte central de la túnica de la Virgen del Rosario.

La mayoría de sus paneles y retablos de azulejos están enmarcados por boceles (moldura convexa lisa de sección semicircular o elíptica) y filetes de color amarillo, naranja y marrón, con más o menos anchura según los casos, aunque en nuestro retablo se trata de un marco de color azul con una línea negra interior. Una afinidad más son los rasgos de los personajes que se caracterizan por tener los ojos saltones y redondeados, el cabello rizado y bien peinado, las carnaciones de tonalidad marrón oscuro con amplias zonas brillantes, y la unión de la nariz con las cejas, a veces, forma un ángulo de 90º. Los detalles del suelo están marcados con pequeñas líneas onduladas, que en ocasiones parecen insinuar guijarros.

Este artista hace uso del perfilado para el dibujo, utiliza esponjas para las carnaciones y los raspados son escasos. Las pinceladas son sueltas y largas. En nuestro caso tiene una manera peculiar de resolver la composición pintando toda la superficie del fondo a modo de nubes de tonalidad amarillo y marrón, de forma que destaque sobre el resto de colores. Suele utilizar como base de sus composiciones estampas de grabadores prestigiosos de finales del siglo XVIII y principios del XIX. (Beatriu Navarro y Josep Lluís Cebrián, Recerques del Museu d’Alcoi, 19. 2010, 187-200).


Retablo Ntra. Sra. del Rosario en la calle de su mismo nombre en Vinaròs, año 1940.


PANEL DE LA CALLE VIRGEN DEL ROSARIO
La casa del Consell Municipal, que se ubicaba en la calle de San Juan, se trasladó a un nuevo emplazamiento entre el último tercio del siglo XIV y el primero del XV, este sitio nuevo estaba encima del portal de la calle del Rosari, también conocida como carrer de la Carnisseria o Portalet.
A este nuevo emplazamiento de las dependencias del Ayuntamiento se accedía por la calle del Rosari a través de una escalera exterior de piedra. Éste fue el segundo local del Consistorio, pues la primera casa del Consell de la Vila estuvo situada en la calle del Alfac, la actual calle de San Juan. A principios del siglo XIV ya se mencionaban en algún documento la carnicería y la pescadería, que al menos la primera ya estaría en la propia calle del Rosario, motivo por el cual era conocida en el siglo XVI como calle de la Carnicería.
Retablo moderno ubicado en la calle del Rosario nº 1, en la que fuera la casa natal del escritor e historiador local J.M. Borrás Jarque. Composición vertical de 1/2, 1, 1/2 x 3 (9 piezas), sin hornacina. Enmarcado por una cenefa o marco envolvente de 14 azulejos de serie de 21 x 21 cm. con alfeizar.
Composición e iconografía: El plafón muestra a la Virgen del Rosario sobre una aureola de nubes, con el Niño Jesús subido en el brazo izquierdo. Va vestida con túnica roja y manto azul, el Niño solamente con túnica blanca. Ambos portan sendos rosarios en la mano y llevan corona abierta y aureola. Su rostro no está bien conseguido pues presenta unas sombras poco naturales.
En la parte inferior, la cenefa se separa para albergar dos azulejos con la inscripción: NTRA. SRA. DEL ROSARIO. 1940, virgen cuya devoción estuvo promovida por los frailes dominicos. En su origen era una Virgen protectora contra los sarracenos y berberiscos. Policromía: Azul, rojo, rosa pálido, amarillo, marrón, negro. Datación: Año 1940.

Dos retablos de San Roque en Vinaròs

Panel cerámico de San Roque, en la partida de su nombre en Vinaròs

LA VENERACIÓN DE LAS IMÁGENES
En la sesión número veinticinco del Concilio de Trento, celebrado en el siglo XVI, se estructuró un Decreto sobre las imágenes, en el que se señalaban las características que debían seguir éstas y las funciones a cumplir. Distinguía dos tipos de imágenes:
a).- Dogmáticas, que defendían los dogmas de la Iglesia Católica frente a los protestantes, como Cristo, la Virgen, algunos santos (Pedro y Pablo), Apóstoles y Evangelistas, Padres de la Iglesia y Virtudes teologales y cardinales.
b).- Devocionales, aquellas que aludían al resto de los santos, los que eran más venerados por tradición o los extraídos del santoral hispano-visigodo o mozárabe. También dentro de este grupo se encontraban los llamados santos de las necesidades o taumaturgos que combatían las pestes y las catástrofes, como san Roque, san Sebastián, san Antón y san Miguel Arcángel.

Además de estas imágenes tradicionales, se añadieron las introducidas por las órdenes religiosas, sus santos propios y nuevas advocaciones de la Virgen. Los dominicos aportaron la Virgen del Rosario; los franciscanos la Virgen de los Dolores; y los carmelitas la Virgen del Carmen. Después del Concilio de Trento la devoción mariana invade la iconografía con “nombres topónimo” que surgen del lugar de las apariciones en toda la geografía del catolicismo, como la de aquellas otras hagiografías médicas y preventivas que, de una u otra manera, se invocaban como protectoras de la salud y eran utilizadas como remedio para alejar las enfermedades.
Durante la Edad Media, las dimensiones espectaculares que alcanzaron las enfermedades contagiosas dieron lugar a una singular cultura médica y de tratamiento. Con verdadero pavor se hablaba de ellas y el afán por prevenirlas condujo a una especial veneración hacia aquellos santos, como san Roque, cuya intervención divina se consideraba más eficaz. Además de éste, otras advocaciones fueron elegidas siguiendo la costumbre general, como abogados y protectores locales durante determinadas epidemias públicas, así pues tenemos a los santos Justo y Pastor; o san Juan Bautista; san Vicente Diácono; san Antonio de Padua y san Juan Evangelista. La imagen de san Roque se asoció con otros santos sanadores de la peste que solían ser representados conjuntamente en retablos y pinturas, en especial con san Sebastián.

VIDA DE SAN ROQUE
Sant Roc nació, según la tradición, en Montpellier (que entonces formaba parte del Reino de Mallorca) hacia 1295, pero más probablemente este hecho debió ocurrir durante la primera mitad del siglo XIV. Entre los santos sanadores, en este caso contra la peste, quizá sea San Roque el más popular de todos. Cuentan de su vida, que tras repartir sus pertenencias entre los pobres, se marcha como peregrino a Roma, ciudad donde vivió tres años; recorrió gran parte de Italia y se dedicó al cuidado de enfermos afectados por la peste. Contagiado de tan penosa enfermedad, se retiró a un monte donde, por mediación divina, fue atendido por un ángel que le curaba las heridas y un perro que le proveía de comida. Murió seguramente en Voghera, a pesar de que también existe la hipótesis de Montpellier. Sant Roc no es un santo históricamente verosímil y, probablemente, su leyenda, basada en otras de anteriores personajes, creó una nueva figura totalmente ficticia.

 Hornacina de la calle Sant Roc de Vinaròs, con la imagen de azulejos del Santo.

 HORNACINA DE LA CALLE SANT ROC DE VINARÒS
Antiguamente se solía poner una hornacina con la imagen de Sant Roc en los caminos que llevaban a las ciudades o sobre la puerta de acceso al recinto amurallado como protección para evitar que entrase la peste en la población. En Vinaròs, aproximadamente en el lugar donde se encuentra este plafón cerámico, existía una de las puertas principales de la muralla que cercaba la Villa, estaba orientada hacia el oeste, en dirección a la montaña y los campos de cultivo, era la porta de Dalt o el portal d’Amunt, cuya salida se ramificaba en tres importantes caminos, uno el de Ulldecona, otro el de Cálig y por último el de Benicarló.
Este panel se halla ubicado en la calle de San Roque, sobre la fachada de la casa situada en el nº 4, y dentro de una profunda hornacina de forma abovedada. La calle de San Roque (antigua calle Cordera) es un pequeño callejón sin salida frente a la plaza Parroquial. Posiblemente, junto a ella se encontrara la antigua iglesia gótica de la población derribada a finales del siglo XVI, mientras se levantaba la nueva (1586-1597), y quizá también formaba parte de la muralla. La devoción a este santo taumaturgo en Vinaròs, se debe a su condición, junto a San Sebastián, de protector contra la peste. El año 1683 el Consell Municipal lo proclamó patrón menor de la Villa, y en 1702 tuvo el honor de coronar un lateral en la portada barroca de la iglesia Arciprestal.

La composición de azulejos podemos catalogarla como un retablo de finales del siglo XVIII o principios del XIX (siempre que se trate del original). Está formado por doce azulejos polícromos: tres de ancho por cuatro de alto. El dibujo de Sant Roc, está realizado mediante trazos de fino perfil que dan lugar a una figura casi “manierista” (hombro estirado, el giro de la cabeza, manos delicadas). El conjunto de la escena imita un altar con dos columnas, una arcada y un fondo de mármol. Habitualmente la iconografía tradicional del santo presenta escasas variaciones y atiende a su retrato hagiográfico como patrono de la peste.
En este retablo, San Roque aparece representado con atuendo de peregrino. Su hábito consiste en un traje largo, una amplia capa y una esclavina de cuero con dos conchas o veneras como emblema distintivo de jacobeo. Porta un bordón (bastón alto con una punta de hierro y una diminuta calabaza -para el agua- en el otro extremo) y va calzado con un par de borceguíes. Se cubre la cabeza con un sombrero de alas y su mano descubre una úlcera situada en el centro del muslo de la pierna derecha. Va acompañado de un perro auxiliador que le ofrece un pan que lleva sujeto en la boca. Como curiosidad, en el caso de Vinaròs, no se representa la imagen del ángel protector, tampoco se halla el zurrón que servia para transportar los alimentos. Otro elemento menos común, como la corona imperial que suele ponerse a los pies del santo, tampoco aparece en la escena.

Retablo de Sant Roc situado en la ermita de su mismo nombre en Vinaròs, de 1890 c.

RETABLO DE SAN ROQUE EN LA PARTIDA DE LES SALINES
Ubicado en una sénia (casa rural) frente a la era de Sant Roc, en la partida de Les Salines y a pocos metros de la pequeña iglesia dedicada al Santo.  El origen de la fundación de la capilla se remonta al año 1885 cuando una terrible epidemia de cólera dejó una gran mortandad en Vinaròs. La tradición narra como un pastor de la familia Serret que vivía en la partida Salines, temeroso de contraer la peste,  imploró al santo su protección y como se libró del contagio, unos años después, en 1891, dio las gracias a la iglesia del convento de San Francisco, y al año siguiente (1892) hizo donación de una imagen de Sant Roc y de un panel de azulejos.
Tanto la imagen como el retablo se colocaron en la era de Serret, en una capilla al lado de su casa. Años más tarde, en vista de la creciente devoción al santo, se planteó la conveniencia de construir una ermita. Para este fin se compraron unos terrenos al lado de la heredad de Serret. El día 17 de agosto de 1913 principiaron las obras de la ermita que se pagaron gracias a las limosnas recogidas. Finalmente la ermita se inauguró el día 22 de agosto de 1925. El edificio de la ermita se hizo adecuando una típica casa rural de las que en la segunda mitad del siglo diecinueve se construyeron por los campos del llano de Vinaròs, las conocidas como casetes de volta de rajola de l’ú. A la edificación preexistente se añadió una espadaña para la campana y un pequeño atrio.
Esta pequeña ermita fue derruida el año 1962 para hacer el nuevo trazado de la carretera nacional 340, y se construyó el actual ermitorio, hecho de ladrillo, proyectado por el aparejador José A. Gómez Sanjuán y construida por Joaquín Boix, a escasos metros al sur de donde estaba la anterior, sobre un trozo de finca que quedó tras la expropiación. El Ministerio de obras Públicas contribuyó económicamente a su construcción la cual quedo finalizada en 1965.

COMPOSICIÓN E ICONOGRAFÍA
Se trata de un retablo de 3 x 1/2, 1, 1/2 (9 azulejos) de 21 x 21 cms. Colocado sobre una ventana cegada formando un nicho de unos 20 cms. de profundidad. El panel muestra al santo como peregrino, según la iconografía tradicional. En el centro San Roque con sobrero de peregrino echado a sus espaladas, ataviado con la capa o sobrepelliz con conchas de peregrino incrustadas, y un vestido de faldón corto, nos muestra la llaga de su pierna izquierda. Con su mano derecha sostiene el cayado con la calabaza. Lleva calzados unos borceguíes y su cabeza está rodeada de una aureola luminosa. A sus pies, un perro con un pan en la boca. Ubicado en un paisaje, con un gran edificio a su izquierda (una iglesia o monasterio) y unas casas más lejanas a la derecha. A los pies, la inscripción: SN. ROQUE. El plafón va enmarcado doble filete amarillo y naranja. Destaca por su cuidado dibujo academicista y una buena perspectiva. Obra plenamente pictórica. Policromía: Azul, marrón, verde, amarillo, morado. Datación del año 1892. Manufactura fábricas de valencia.

LA DEVOCIÓN A SANT ROC
San Roque tuvo una enorme difusión y devoción por todo el Reino de Valencia sobre todo a partir del siglo XVIII. Su fama en Vinaròs es importante como santo protector contra las epidemias y la peste. En el siglo XIX, la ciudad se vio afectada en diversas ocasiones por crisis epidémicas, las más mortíferas se dieron en los años 1834, 1854 y 1885. Es probable que fuera colocado (aquí o en otros lugares) para la protección de los vecinos temerosos de dicha enfermedad virulenta. Es el santo cuya representación más se repite en las calles de los pueblos del Maestrat. La festividad de Sant Roc tuvo mucho predicamento en Vinaròs. En la década de 1940-1950 su fiesta se celebraba con gran participación de público. Entonces era tradicional que la noche antes del final de semana siguiente al 16 de agosto, hiciesen baile en la era de Sant Roc que todavía existe. Allí está la hornacina donde hay un panel cerámico de San Roque. Borrás Jarque, en el capitulo XXII (1912-1916) de su Historia de Vinaròs nos habla sobre este tema.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Ntra. Sra. del Remedio, Vinaròs

Capelletes y santets en Vinaròs
Después de muchas semanas de ir dando vueltas por las calles y caminos de Vinaròs, he logrado catalogar cerca de cincuenta capillas devocionales también conocidas como “Finestres del Cel”. La intención es publicar la descripción, de forma sencilla y asequible, de esos retablos de cerámica (azulejos, taulellets o rajoles), ya que son pequeñas obras de arte -prácticamente desconocidas- que merecen ser puestas en conocimiento del público. Seguir esta línea de aportaciones periódicas y continuarla con piezas de cerámica arquitectónica de serie tales como zócalos y altares de iglesias, sota-balcones y contrahuellas de escaleras que todavía se conservan en el entramado urbano de  nuestra ciudad. Estos elementos alcanzan su gran protagonismo a partir de mediados del siglo XVIII, aunque la manufactura de la mayoría de los existentes es más tardía y pertenece a años posteriores. Las producciones del siglo dieciocho suelen ser de Valencia, pero durante los siglos XIX y XX habrá que sumar las fabricadas en Onda y alrededores.



Ntra. Sra. del Remedio de Vinaròs
A continuación se describe la hornacina o capilla de la calle Ntra. Sra. del Remedio. Se trata de un panel de azulejos original que nos muestra la advocación a la patrona de esa calle. Este retablo devocional admite una cronología desde finales del siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX aproximadamente. En los azulejos se reproduce, como tema central la imagen de la Virgen del Remedio con el Niño en brazos, que entrega a dos religiosos de la Orden de la Santísima Trinidad -arrodillados a sus pies- un escapulario. Uno de ellos porta una embarcación en su mano izquierda con la idea de relacionarlo con la marina, aunque da opción a confundirlo con San Telmo. El barco que sostiene el monje trinitario debe referirse a la dedicación exclusiva que tenía esta Orden, consistente en la redención y liberación “con las manos desarmadas” de cautivos que habían sido capturados por embarcaciones corsarias tras sus incursiones por nuestras costas. El tema del panel se desarrolla siguiendo la iconografía más conocida que identifica a cada uno de los representados, aunque el autor de la obra se ha servido de algún modelo anterior (seguramente un grabado o estampa de otro artista) por lo que no hay que buscar demasiado rigor académico ni histórico, sino más bien contemplarlo bajo un punto de vista de carácter ingenuo y popular. Despiece: el cuadro está formado por un conjunto de 4 x 3 azulejos cuadrados, donde cada uno mide 20 x 20 cm. de lado aproximadamente. El perímetro del panel se enmarca por una cenefa con jaspes y ovas, imitando una talla con motivos geométricos y con un efecto de iluminación lateral ficticia. En la parte inferior hay una cartela con la inscripción “Ntra. Sra. del Remedio”. Policromía: azul, amarillo, ocre, siena, negro y verde. Advocación: la Virgen del Remedio también es la patrona de Alcanar (Tarragona), allí esta virgen está relacionada con la batalla de Lepanto.


Un poco de historia.
La Orden de la Santísima Trinidad es una antigua congregación religiosa que fue fundada en el año 1198, y cuya misión piadosa era la redención de cautivos. Los Trinitarios se crearon con la intención de liberar a los cristianos que, habiendo sido capturados por los corsarios y piratas berberiscos o turcos, permanecían prisioneros y esclavos en muchas ciudades de la costa africana. Su hábito es blanco con una cruz azul y roja sobre el pecho. Sobre éste se cubren con una capa de color negro o azul oscuro y tienen como patrona a la Virgen del Buen Remedio. Tanto los Trinitarios como los Mercedarios recorrían las ciudades y pueblos del Reino recogiendo limosnas para pagar los rescates de los prisioneros.


El dibujo adjunto es una versión de la “cruz patada” cuyos extremos presentan unos ensanches, siendo el símbolo primitivo de la Orden de la Santísima Trinidad. Esta cruz se dispone con el eje vertical de color rojo solapado al horizontal azul. En los azulejos del retablo de Vinaròs, por error, está pintada con los colores al revés.


En la hornacina de la calle Virgen del Remedio, aparece un monje trinitario sosteniendo un barco, sin embargo no hay que confundirlo con San Telmo (Sant Elm) que era el verdadero patrón de los marineros, navegantes y pescadores. Las imágenes más conocidas de San Telmo lo representan vestido con el hábito de la Orden de los Dominicos (ésta no lleva la cruz bicolor sobre el pecho), portando un barco en su mano izquierda y un cirio encendido en su mano derecha. Su verdadero nombre fue Pedro González de Frómista, nació allí el año 1190 y es invocado como “protector de las gentes del mar”. Parte de su vida activa la dedicó a efectuar predicaciones itinerantes por varios reinos peninsulares, acabando su misión evangelizadora en las costas de Galicia y norte de Portugal.







lunes, 7 de noviembre de 2011

Retablo cerámico de la calle Santa Mónica, de Vinaròs.

 
La capilla de Santa Mónica en Vinaròs con sus dos imágenes: un retablo de azulejos al fondo y una escultura de yeso de bulto redondo en primer término.


SANTA MÓNICA
Santa Mónica, madre de San Agustín, nació en Tagaste (África del Norte) a unos 100 km de la ciudad de Cartago, en el año 332. Sus padres, que eran cristianos, confiaron la educación de la niña a una institutriz muy estricta. Muy joven, fue dada en matrimonio a un ciudadano de Tagaste llamado Patricio, del que tuvieron varios hijos, entre ellos San Agustín, cuya conversión al cristianismo le costó muchos años de dedicación. Según cuentan las crónicas fue un modelo de esposa y madre. Murió en Ostia el año 387. Santa Mónica es patrona de las mujeres casadas y de las madres cristianas. Su hijo Agustín tenía un carácter caprichoso, egoísta e indolente, aunque era extraordinariamente inteligente, y por eso sus padres decidieron enviarle a la capital de la provincia, entonces Cartago, a estudiar filosofía, literatura y oratoria. Pero el padre de Agustín falleció cuando éste tenía 17 años, lo que influiría también negativamente en el carácter del joven.

A los 29 años, con los estudios acabados, Agustín decide irse a Roma a dar clases como maestro, pues ya había adquirido una formación completa, en este ocasión su madre le siguió hasta Italia. En Milán, santa Mónica conoce a uno de los intelectuales cristianos más famosos de la época: san Ambrosio, arzobispo de Milán. San Ambrosio también causó una gran impresión sobre Agustín, a quien atrajo hacia sus ideas por sus grandes conocimientos y poderosa personalidad. En el año 387 Agustín se convierte al cristianismo haciéndose bautizar ese mismo año. Posteriormente Agustín dispuso volver con su madre y su hermano a su pueblo natal, al norte de África. Pero cuando él y sus compañeros catecúmenos decidieron partir desde Ostia hacia Cartago en el año 387, ocurrió el fallecimiento de su madre Mónica cuando ésta contaba con 55 años de edad.


Vista parcial del retablo de azulejos de Santa Mónica, la cual está contemplando un crucifijo que sostiene con su mano derecha.


CAPILLA DE SANTA MONICA EN VINARÒS.
Este retablo se halla ubicado en la calle de Santa Mónica nº 7, de Vinaròs. Prácticamente desconocido para la mayoría de la gente por su escondido acceso, es una pequeña obra de arte de azulejos, tratándose además de ser una de las pocas capillas con las piezas originales. Este panel está formado por una amplia hornacina cerrada con portezuela de madera acristalada. Su datación podemos situarla hacia el último tercio del siglo XIX y fábrica de Valencia.
Advocación a Santa Mónica: La devoción a esta santa estuvo difundida por la Orden de los Agustinos, y debió llegar a Vinaròs con los primeros frailes del Convento de San Telmo (luego de San Agustín). La calle forma parte de un antiguo arrabal en una de las zonas de expansión de la población, hoy integrado en el centro del entramado urbano de la ciudad sin haber perdido su peculiar fisonomía.
Composición e iconografía: En esta ocasión Santa Mónica va vestida con un hábito parecido al de una monja, ya que por costumbre así se vestían en aquél tiempo (siglo IV) las mujeres que se dedicaban a la vida espiritual, despreciando adornos y prendas vanidosas. También se representa a la santa contemplando un crucifijo que sostiene con su mano derecha, mientras que con su izquierda sujeta un cinturón de cuentas parecido a un rosario. Además, en la esquina superior derecha del cuadro, aparecen dos caras aladas de querubines realizadas mediante un perfeccionista dibujo caligráfico. En otras ocasiones también vemos a Santa Mónica representada con un bastón de caminante, que simboliza los muchos viajes que hizo tras de su hijo Agustín. Como elemento redundante, en esta hornacina aparece la imagen duplicada de la Santa, materializada en una estátua de bulto redondo que oculta parte del plafón cerámico.

Nos comentaba, este mismo mes de noviembre de 2011, nuestro amigo Salvador Oliver Foix, algunas anécdotas referentes a ciertos paneles cerámicos de las capillas devocionales en Vinaròs, esta vez se trataba de las dedicadas a Santa Mónica y a San Miguel. Ambas están situadas en unas calles muy próximas entre sí dedicadas a esos santos. El caso es que dichos retablos no sufrieron ningún desperfecto con motivo de la guerra civil de 1936-39 y según relato de Dª Juana Mariano Fontanet (que fue durante muchos años la cocinera del colegio público Ntra. Sra. de la Misericordia) la cual había sido residente casi toda su vida de la calle Santa Mónica y vecina de la casa donde está la capilla de la santa, dijo que su padre, al inicio de la contienda y temiéndose lo peor, blanqueo con cal las dos capillitas (la de Santa Mónica y la de San Miguel) y éstas quedaron totalmente ocultas a la vista, pasando inadvertidas, y de esa manera se pudieron salvar de la destrucción de la guerra. Aunque existen otras capillas de la ciudad que también se libraron de la ruina y destrozo por motivos diferentes, pues en algunas de ellas se desmontaron los azulejos guardándose en cajas hasta que pasó el conflicto.  


 
Otra vista parcial del retablo de Santa Mónica de Vinaròs, esta vez con los dos ángeles querubines que aparecen a la derecha del panel.



Autor del texto e imágenes:
CARLOS CATALÁN FONT
Lcdo. en Historia del Arte

domingo, 6 de noviembre de 2011

Retablo cerámico de San Jorge (Vinaròs)

Sant Jordi, Vinaròs, calle Aragón, esquina con la avenida de Madrid.

RETABLO DE SANT JORDI (VINARÒS)
Panel de azulejos situado en Vinaròs, en la calle de Aragón, esquina con la avenida de Madrid, cuyo autor es el pintor J. Safont, el cual copia una estampa devocional popular muy extendida. Aquí San Jorge adquiere la actitud típica de dar muerte a un dragón con una lanza o espada. El santo se halla montado en un corcel, cubierto con una elegante coraza y capa, y armado de una lanza atraviesa y da muerte al dragón, que representa al mal. Aunque en nuestro caso los rasgos generales del dibujo rozan lo infantil (como la ilustración de un tebeo) con una deliberada ingenuidad, tanto en la representación naíf del personaje como en los colores planos empleados. Despiece del retablo: 5 x 4 azulejos cuadrados, de 20 x 20 cm. con los cantos del perímetro del cuadro acabados por medio de listones ondulados de cerámica (azulejos de cenefa) color marrón, imitando la madera. Cronología: se trata de una pieza reciente, quizá de la década de 1990-2000, cuya probable manufactura haya salido de los talleres próximos a Onda. Colores: verde, rojo, amarillo, morado, negro, azul y ocre.

TRADICIÓN Y LEYENDA
Siguiendo a la tradición popular sabernos que San Jorge era un militar romano nacido en el siglo III en la Capadocia (antigua región de Asia Menor ubicada en la actual Turquía). Fue tribuno y consejero del emperador Diocleciano (284-305) y servía bajo las órdenes de aquél. Se convirtió al cristianismo y repartió sus bienes entre los pobres, en cierta ocasión se negó a ejecutar un edicto del emperador que le obligaba a perseguir a los cristianos y por esta razón fue encarcelado y decapitado en el año 303. La leyenda sobre su existencia la trajeron los marineros y cruzados europeos que arribaron de Siria en el siglo XI. 

En nuestro país, la devoción a este santo vino de la mano del rey de Aragón, Pedro I, al que parece ser, se le apareció San Jorge durante la batalla de Alcoraz (Huesca) en el año 1096. Otro monarca de la Corona Aragonesa, Pedro II, fundó en el año 1202 la orden militar de San Jorge de Alfama. Su hijo Jaime I también habla de Sant Jordi en su libro Dels Fets, en el que relata que se le apareció el santo durante la conquista de Mallorca y de Valencia. Sant Jordi fue siempre el segundo patrón de Cataluña, después de Sant Jaume y el primero de Aragón, además de patrón de Cáceres, de Alcoy y de otros municipios. La efigie de Sant Jordi está presente desde antiguo en los blasones de la Generalitat Valenciana representando al brazo militar, junto a la efigie del Ángel Custodio que corresponde al brazo civil (de los ciudadanos) y la imagen de la Virgen María que simboliza al brazo eclesiástico.


Sant Jordi. Retablo efectuado en la década de 1970, copia de uno antiguo. Producción catalana.
Colección particular Vinaròs.


LA DEVOCIÓN A SAN JORGE
La devoción a San Jorge se extendió por toda la Europa medieval, acogido especialmente en la Corona de Aragón donde rivalizó en popularidad con la figura equivalente venerada en la Corona de Castilla de Santiago Apóstol. San Jorge comienza así a aparecer según la tradición en las batallas ayudando a los reyes cristianos y las intervenciones milagrosas del Santo se multiplican rápidamente. Por ello, desde el siglo XIII son muy numerosas las representaciones en todas las artes plásticas y especialmente en la pintura. Entre ellas existen dos magníficos retablos valencianos del siglo XV, el del Centenar de la Ploma atribuido a Marçal de Sax y el de San Jorge de Jérica, que mejor recogen la rica y variada iconografía del popular santo capadocio.

Bajo la advocación del santo se crearían diversas Órdenes Militares como la de San Jorge de Alfama, y Cofradías por designación real, destacando de entre aquellas milicias urbanas valencianas la del Centenar del Glorioso San Jorge acogida al patrocinio de este santo, fundada por Pedro IV el Ceremonioso en 1365-1371, y confirmada años después por Juan I en Alcira (1393). Fue una compañía de cien ballesteros encargada de escoltar y proteger la Señera de la Ciudad y Reino de Valencia, pero pronto se conoció popularmente como Centenar de la Ploma (pluma) por la característica pluma que llevaban los ballesteros en el birrete. Sus distintivos serían siempre los de su santo patrón: la senyera, la cruz roja y la ballesta, hasta que en 1711 se produjo la abolición de los fueros valencianos por parte de Felipe V y con el Decreto de Nueva Planta llegó su desaparición definitiva.

JACOBO DE LA VORÁGINE (SIGLO XIII)
El dominico genovés y profesor de teología Fray Santiago de la Vorágine, es el nombre españolizado del hagiógrafo y dominico italiano Jacopo della Voragine (Varazze, 1230 - Génova, 1298). Fue obispo de Génova entre 1292 y 1298. Es considerado como autor de la más célebre recopilación de leyendas piadosas en torno a la vida de los santos y desde luego la más influyente para la iconografía de los mismos. En 1244 tomó los hábitos de la Orden de los Predicadores, fundada por Domingo de Guzmán.

Santiago de la Vorágine comenzó a escribir la Leyenda Dorada, en latín Legenda Aurea, una compilación de relatos hagiográficos cuyo primer manuscrito aparecido es de 1250 y se dedicó a esta tarea hasta 1280. Titulada inicialmente Legenda Sanctorum (Lecturas sobre los Santos), fue uno de los libros más copiados durante la Baja Edad Media, con la invención de la imprenta antes del fin del siglo XV aparecieron numerosas ediciones impresas, el texto original recoge leyendas sobre la vida de unos 180 santos y mártires cristianos a partir de obras antiguas y de gran prestigio.

El objetivo principal de la obra no fue el redactar biografías fidedignas o escribir tratados científicos, sino libros de devoción para la gente común emulando modelos de vida dignos y piadosos. Buena parte de las escenas de martirio que llegarían a poblar el repertorio iconográfico de Occidente alcanzaron difusión de este modo, como las conocidas escenas del desollamiento del apóstol Bartolomé, el asaeteamiento de San Sebastián, el martirio de San Cristóbal o el combate de Jorge de Capadocia y el dragón.

SANTOS NO RECONOCIDOS
En el año 1969, en la última reforma de la Iglesia encabezada por del Papa Pablo VI (la Reforma Litúrgica), se deliberó qué santos tenían categoría universal y que otros santos se permite el culto pero no estarían reconocidos como tales porque la Iglesia no tiene una biografía suficiente para acreditar su existencia. Se declaró, por tanto que se les había calificado de santos, más por tradición que por verificación. En total fueron excluidos 33 santos. Prácticamente todos son mártires de los siglo II o III, cuando el cristianismo estaba muy poco extendido por el imperio romano occidental. Entonces era una religión de origen judío y del área oriental. Estos santos eran de la zona oriental, lo que hoy es Turquía, Asia Menor, Capadocia, Siria, países limítrofes del Mar Negro. La Iglesia Cristiana Ortodoxa no se cuestiona “desantificar” a estos personajes precisamente por ser de gran relevancia popular. Esto no impide que la Iglesia occidental haya eliminado del santoral a santos ilustres con una gran tradición (entre ellos a Sant Jordi o a San Cristóbal).


La Batalla del Puig, retablo del Centenar de la Ploma atribuido a Andrés Marçal de Sax, hacia 1400-1420. Conservado en el Victoria and Albert Museum de Londres.



viernes, 4 de noviembre de 2011

Retablo cerámico de L'Esperança, Vinaròs.


Antiguo panel de azulejos de la calle Mare de Déu de L'Esperança en Vinaròs.


RETABLO DEVOCIONAL DE LA MARE DE DÉU DE L’ESPERANÇA (VINARÒS)
El origen de la representación de la Virgen embarazada, en el inicio de su maternidad, debe situarse, según algunos, en la iconografía oriental. De la Virgen apocalíptica procede directamente este tipo iconográfico, que es el de Nuestra Señora de la Esperanza, o de la O. Es una representación propia de una época de mucha fe y poca aprensión, que actualmente resulta bastante rara.
La fórmula de esta imagen la sugirió la Mujer Apocalíptica que había de dar a luz un Niño. La representación de la Virgen en la espera del parto, denominada con el nombre de Nuestra Señora de la Expectación o de la Esperanza, se volvió frecuente a fines de la Edad Media, cuando se instituyó la fiesta de la Expectación de la Virgen, celebrada el 18 de diciembre.
Este tema parece haber sido particularmente popular en España y Portugal, donde las Vírgenes de este tipo llevan el nombre de Nuestra Señora de la Esperanza o de la O, quizás sea a causa de la forma ovoide de su vientre abombado, o bien de acuerdo con otra explicación tomada de la liturgia, porque en la semana precedente a la Navidad las antífonas cantadas en los oficios comienzan por la letra O.
Contrariamente a lo que afirman algunas corrientes historiográficas, según las cuales la Iglesia de Trento ordenó suprimir la imagen de la Santísima Virgen embarazada, por considerarla incómoda, lo cierto es que las representaciones de la Madre de Dios embarazada o amamantando a su Hijo son muy habituales en la iconografía cristiana. Las reservas del Concilio Tridentino, lejos del pretendido puritanismo que se les atribuye, se deberían más bien a prevención frente a ciertas herejías. Actualmente las Vírgenes del Parto catalogadas en Europa, desde España hasta Escandinavia, son unas 80, aunque otros expertos elevan el número a unas 150 imágenes o tallas conocidas.

Este retablo cerámico, que se encontraba sobre una casa de la calle Nueva, esquina con la calle de la Esperanza y frente al patio de las monjas del Asilo, actualmente ha desaparecido, pues se rehabilitó la fachada del inmueble sobre el cual estaba adosado y no se ha vuelto a saber nada más de él. En esta imagen la Virgen de la Esperanza se halla de pie con los brazos semi abiertos, sobre su vientre reluce una cara de sol radiante (señal del embarazo de Jesús Dios). La Virgen viste túnica blanca con cinturón ceñido y un manto azul de rebordes dorados. Trece cabezas de ángeles (querubines) rodean su figura. Lleva un cetro en su mano derecha y una corona abierta sobre sus sienes.
El panel estaba formado por doce azulejos (despiece 3 x 4), con su perímetro acabado por otros azulejos de cenefa o cinteta (cintas azules espirales o tirabuzón), que realizan las funciones de marco. Su estilo lo podemos situar dentro del neoclasicismo, de una cronología aproximada entre los años 1850-1860. Con toda seguridad la fábrica que lo manufacturó fue “La Valenciana” de Onda.
Era uno de los retablos devocionales sobre vírgenes más interesantes y valiosos por su rareza y singularidad, además de la calidad del dibujo, siendo infrecuente este tipo de representaciones en todo el territorio de nuestro País. Es una lástima que ciertas personas no se den cuenta del gran valor artístico y etnológico que poseen estas imágenes y quizás no le den importancia a la hora de su conservación (para reimplantarlo en su lugar de origen o cesión a una entidad cultural municipal).


Imagen de la Virgen de la Esperanza, panel de azulejos publicitario de la Fábrica de Azulejos “La Esperanza” de Onda, en el año 1878. (Compararlo con el retablo de Vinaròs)


Grabado de la Virgen de la Esperanza o del Buen Parto. Anónimo, siglo XIX

Panel devocional (hoy inexistente) de la Mare de Déu de l’Esperança, que estaba situado en la calle del mismo nombre en Vinaròs.