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sábado, 4 de febrero de 2012

Panel de Sant Jordi en la calle Aragón de Vinaròs

Autor texto y fotos:
CARLOS CATALÁN FONT
Vinaròs, noviembre 2011

Sant Jordi, Vinaròs, calle Aragón, esquina con la avenida de Madrid.

RETABLO DE SANT JORDI (VINARÒS)
Panel de azulejos situado en Vinaròs, en la calle de Aragón, esquina con la avenida de Madrid, cuyo autor es el pintor J. Safont, el cual copia una estampa devocional popular muy extendida. Aquí San Jorge adquiere la actitud típica de dar muerte a un dragón con una lanza. El santo se halla montado en un corcel, cubierto con una elegante coraza y capa, y armado de una lanza atraviesa y da muerte al dragón, que representa al mal. Aunque en nuestro caso los rasgos generales del dibujo rozan lo infantil (como la ilustración de un tebeo) con una deliberada ingenuidad, tanto en la representación naíf del personaje como en los colores planos empleados. Despiece del retablo: 5 x 4 azulejos cuadrados, de 20 x 20 cm. con los cantos del perímetro del cuadro acabados por medio de listones ondulados de cerámica (azulejos de cenefa) color marrón, imitando la madera. Cronología: se trata de una pieza reciente, quizá de la década de 1990-2000, cuya probable manufactura haya salido de los talleres próximos a Onda. Colores: verde, rojo, amarillo, morado, negro, azul y ocre.

TRADICIÓN Y LEYENDA
Siguiendo a la tradición popular sabernos que San Jorge era un militar romano nacido en el siglo III en la Capadocia (antigua región de Asia Menor ubicada en la actual Turquía). Fue tribuno y consejero del emperador Diocleciano (284-305) y servía bajo las órdenes de aquél. Se convirtió al cristianismo y repartió sus bienes entre los pobres, en cierta ocasión se negó a ejecutar un edicto del emperador que le obligaba a perseguir a los cristianos y por esta razón fue encarcelado y decapitado en el año 303. La leyenda sobre su existencia la trajeron los marineros y cruzados europeos que arribaron de Siria en el siglo XI. 
En nuestro país, la devoción a este santo vino de la mano del rey de Aragón, Pedro I, al que parece ser, se le apareció San Jorge durante la batalla de Alcoraz (Huesca) en el año 1096. Otro monarca de la Corona Aragonesa, Pedro II, fundó en el año 1202 la orden militar de San Jorge de Alfama. Su hijo Jaime I también habla de Sant Jordi en su libro Dels Fets, en el que relata que se le apareció el santo durante la conquista de Mallorca y de Valencia. Sant Jordi fue siempre el segundo patrón de Cataluña, después de Sant Jaume y el primero de Aragón, además de patrón de Cáceres, de Alcoy y de otros municipios. La efigie de Sant Jordi está presente desde antiguo en los blasones de la Generalitat Valenciana representando al brazo militar, junto a la efigie del Ángel Custodio que corresponde al brazo civil (de los ciudadanos) y la imagen de la Virgen María que simboliza al brazo eclesiástico.

LA DEVOCIÓN A SAN JORGE
La devoción a San Jorge se extendió por toda la Europa medieval, acogido especialmente en la Corona de Aragón donde rivalizó en popularidad con la figura equivalente venerada en la Corona de Castilla de Santiago Apóstol. San Jorge comienza así a aparecer según la tradición en las batallas ayudando a los reyes cristianos y las intervenciones milagrosas del Santo se multiplican rápidamente. Por ello, desde el siglo XIII son muy numerosas las representaciones en todas las artes plásticas y especialmente en la pintura. Entre ellas existen dos magníficos retablos valencianos del siglo XV, el del Centenar de la Ploma atribuido a Marçal de Sax y el de San Jorge de Jérica, que mejor recogen la rica y variada iconografía del popular santo capadocio.
Bajo la advocación del santo se crearían diversas Órdenes Militares, como la de San Jorge de Alfama y Cofradías por designación real, destacando de entre aquellas milicias urbanas valencianas la del Centenar del Glorioso San Jorge acogida al patrocinio de este santo, fundada por Pedro IV el Ceremonioso en 1365-1371, y confirmada años después por Juan I en Alcira (1393). Fue una compañía de cien ballesteros encargada de escoltar y proteger la Señera de la Ciudad y Reino de Valencia, pero pronto se conoció popularmente como Centenar de la Ploma (pluma) por la característica pluma que llevaban los ballesteros en el birrete. Sus distintivos serían siempre los de su santo patrón: la senyera, la cruz roja y la ballesta, hasta que en 1711 se produjo la abolición de los fueros valencianos por parte de Felipe V y con el Decreto de Nueva Planta llegó su desaparición definitiva.

JACOBO DE LA VORÁGINE (SIGLO XIII)
El dominico genovés y profesor de teología Fray Santiago de la Vorágine, es el nombre españolizado del hagiógrafo y dominico italiano Jacopo della Voragine (Varazze, 1230 - Génova, 1298). Fue obispo de Génova entre 1292 y 1298. Es considerado como autor de la más célebre recopilación de leyendas piadosas en torno a la vida de los santos y desde luego la más influyente para la iconografía de los mismos. En 1244 tomó los hábitos de la Orden de los Predicadores, fundada por Domingo de Guzmán.
Santiago de la Vorágine comenzó a escribir la Leyenda Dorada, en latín Legenda Aurea, una compilación de relatos hagiográficos cuyo primer manuscrito aparecido es de 1250 y se dedicó a esta tarea hasta 1280. Titulada inicialmente Legenda Sanctorum (Lecturas sobre los Santos), fue uno de los libros más copiados durante la Baja Edad Media, con la invención de la imprenta antes del fin del siglo XV aparecieron numerosas ediciones impresas, el texto original recoge leyendas sobre la vida de unos 180 santos y mártires cristianos a partir de obras antiguas y de gran prestigio.
El objetivo principal de la obra no fue el redactar biografías fidedignas o escribir tratados científicos, sino libros de devoción para la gente común emulando modelos de vida dignos y piadosos. Buena parte de las escenas de martirio que llegarían a poblar el repertorio iconográfico de Occidente alcanzaron difusión de este modo, como las conocidas escenas del desollamiento del apóstol Bartolomé, el asaeteamiento de San Sebastián, el martirio de San Cristóbal o el combate de Jorge de Capadocia y el dragón.

SANTOS NO RECONOCIDOS
En el año 1969, en la última reforma de la Iglesia encabezada por del Papa Pablo VI (la Reforma Litúrgica), se deliberó qué santos tenían categoría universal y que otros santos se permite el culto pero no estarían reconocidos como tales porque la Iglesia no tiene una biografía suficiente para acreditar su existencia. Se declaró, por tanto que se les había calificado de santos, más por tradición que por verificación. En total fueron excluidos 33 santos. Prácticamente todos son mártires de los siglo II o III, cuando el cristianismo estaba muy poco extendido por el imperio romano occidental. Entonces era una religión de origen judío y del área oriental. Estos santos eran de la zona oriental, lo que hoy es Turquía, Asia Menor, Capadocia, Siria, países limítrofes del Mar Negro. La Iglesia Cristiana Ortodoxa no se cuestiona “desantificar” a estos personajes precisamente por ser de gran relevancia popular. Esto no impide que la Iglesia occidental haya eliminado del santoral a santos ilustres con una gran tradición (entre ellos a Sant Jordi o a San Cristóbal).


La Batalla del Puig, retablo del Centenar de la Ploma atribuido a Andrés Marçal de Sax, hacia 1400-1420. Conservado en el Victoria and Albert Museum de Londres.

San Jorge, vista parcial de una tabla del retablo de Jérica (Castellón)

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