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domingo, 27 de noviembre de 2011

Retablo Virgen Ntra. Sra. de Lledó (Vinaròs)

Autor del texto y fotos:
CARLOS CATALÁN FONT
Vinaròs, agosto de 2011

 


RETABLO DE LA VERGE DE LLEDÓ (VINARÒS)
Retablo de la Virgen Ntra. Sra. de Lledó, contenido en un plafón de 4 x 3 azulejos cuadrados de 20 x 20 cm. de lado (12 piezas), con enmarcación perimetral de azulejos rectangulares de cenefa decorada con tallos ondulados y flores. Refleja el momento en que el agricultor Perot de Granyana, estando en plena tarea de labranza con un arado de bueyes, descubre una pequeña imagen tallada en piedra que se hallaba bajo un almez o lidonero. Sobre dicho árbol aparece la Virgen coronada y cubierta con una gran capa pluvial, flotando encima de una nube con la media luna a sus pies, acompañada de dos ángeles con sus alas desplegadas que sostienen otra corona de rayos solares. El paisaje del fondo es el típico de la Plana de Castellón (antiguamente de secano), incluso se pueden distinguir “les Agulles de Santa Àgada” en los montes del Desierto de las Palmas. En la zona inferior del lienzo hay una filacteria con el nombre Na. Sa. del Lledó.
Este panel de azulejos policromados está situado en un breve pasaje peatonal de Vinaròs (entre Tirant lo Blanch y el paseo de San Pedro) que lleva el nombre de la patrona de Castellón de la Plana: Virgen de Lidón o Ntra. Sra. del Lledó. El mural se encuentra adherido sobre la fachada de una de las casas, sin hornacina ni capilla que lo proteja. La calle de Lledó fue abierta expresamente para edificar este grupo de viviendas subvencionadas destinadas al sector de los marineros, entre los años 1958-1959, por la Obra Benéfico Social de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Castellón. Esta entidad de crédito abrió la sucursal de Vinaròs el año 1957 y se ubicó en un local de la plaza Jovellar.
La composición de este mural de azulejos fue realizada aproximadamente el año 1960, cuyo autor fue D. Rafael Guallart Carpi (Castellón, 1898-1975), famoso pintor ceramista, diseñador y profesor de dibujo, padre de los que serían también grandes artistas de la cerámica Rafael, Juan Alberto y Ferrán. Nuestro autor poseyó su taller familiar en la calle Nuñez de Arce, en Castellón, el cual semejaba un obrador artesanal, en el que había asumida una continuidad de la tradición cerámica de las manufacturas del conde de Aranda en Alcora o de las de Ribesalbes u Onda, localidad esta última en la que había aprendido el oficio.
El nombre Lledó es el vocablo valenciano equivalente al vocablo castellano almez (o lidonero), que es el árbol bajo el cual se encontró la pequeña estatuilla que hoy es venerada como Virgen del Lledó (o de Lidón). Cuenta la leyenda que, en el año 1366, un agricultor, llamado Perot de Granyana, encontró la imagen de la Virgen mientras labraba sus tierras. Perot llevaba el arado conducido por dos bueyes que, al acercarse al árbol, dejaron de labrar y se postraron bajo éste. Perot, extrañado, se puso a buscar el motivo de la detención, escarbó y encontró una pequeña figurilla de apenas seis centímetro de alabastro, que parecía representar a una mujer encinta.


LAS VÍRGENES ENCONTRADAS
Las leyendas y tradiciones de las “Vírgenes encontradas” se inician a partir del siglo IX y llegan hasta el renacimiento, en el siglo XV. Los relatos de estos encuentros están tejidos de fantasía y leyenda que forman parte de la veneración y devoción de las personas a dichas imágenes, no importando su veracidad o historicidad. La Europa cristiana está llena de Vírgenes encontradas y veneradas con distintos nombres, algunos de ellos topográficos o de alguna especie botánica. La historiografía popular indica a menudo que se trata de imágenes antiquísimas escondidas para preservarlas de la invasión sarracena.
Muchas imágenes de vírgenes han sido encontradas en los lugares más privilegiados de la naturaleza, desde cuevas y megalitos hasta fuentes y torrentes, pasando por árboles majestuosos y zarzas floridas. La historia siempre es la misma: un personaje humilde acostumbra a encontrar la imagen y el hallazgo suele ir acompañado de fenómenos sobrenaturales. Muchos de los lugares en los que se han encontrado las vírgenes habían sido de culto precristianos. Es por este motivo que, a menudo, cuando se descubre una imagen, ésta se resiste a ser trasladada. Alguien quiere bajarla a la ciudad, pero la imagen huye, se hace tan pesada que resulta imposible moverla o desaparece, siempre tres veces, del sitio adonde la han trasladado. Se trata de una señal: la imagen quiere ser venerada en el sitio donde fue hallada y ser reconocida como Señora de aquel lugar.
El hallazgo de una virgen también sigue un proceso maravilloso. A veces la encuentra un pastor, adulto o niño, un cordero, un buey o toro que hurga con la pata y se arrodilla. En otras ocasiones, la encuentra un labrador, haciendo los surcos con su arado, etc. Comúnmente el hallazgo siempre va acompañado de fenómenos sobrenaturales que remarcan el carácter sagrado del lugar. Por toda Europa se explica la leyenda de una imagen encontrada y venerada en un santuario. Es probable que éste fuera el procedimiento por el cual hayan sido cristianizados determinados parajes de culto paganos. Es muy posible, pues, que la situación predominantemente rural de muchos santuarios marianos haya sido una forma de fijación del culto cristiano en el territorio.
La Tierra es, según algunas creencias, la madre de los humanos, porque de ella nacen y a ella regresan. El ciclo de la luna, el agua, la mujer y la tierra marca la vida y la fecundidad de la naturaleza. En la mayoría de mitologías, la unión del Cielo y de la Tierra es el origen de la naturaleza y, por lo tanto, de la vida. La Tierra es la Gran Madre. La sepultura significa el retorno a la tierra y la muerte el reposo en su seno. Las divinidades primitivas eran femeninas, en calidad de madres y dispensadoras de vida. La Gran Madre era la primera divinidad, era la diosa de la fertilidad, engendradora por propia virtud, sin divinidad masculina, virgen y madre. El carácter matriarcal de esta divinidad es patente en las vírgenes románicas, representadas sentadas con el Niño en el regazo.
Antiguamente se consideraba al agua como fuente de vida y el hecho de que tantas vírgenes hayan sido encontradas en las fuentes, pozos y en los lugares donde aparece el agua, sugiere una relación con los antiguos cultos a Cibeles, considerada madre de los dioses y de las diosas. Esta divinidad frigia fue, seguramente, introducida por las legiones romanas, y sus analogías con ciertas vírgenes son muy notables, puesto que ambas divinidades fueron encontradas por un toro y se las asocia con el culto a Atis.
Tanta insistencia por parte de la Iglesia en bendecir el tema del agua se debe a que, ante el arraigo de antiguas costumbres paganas y la persistente memoria de ancestrales ritos que daban a las fuentes virtudes sobrenaturales, el clero no tuvo más remedio que cristianizar el culto de esos surgimientos de agua, a los que el pueblo les atribuían maravillosas propiedades curativas.
De la necesidad de la Iglesia en santificar los manantiales de agua, proceden las historias sobre los hallazgos de imágenes de vírgenes en ciertos acuíferos, con la intención de asignar a estos lugares un origen cristiano, convirtiéndolos de esta forma en advocaciones marianas de las denominadas “Vírgenes encontradas”. En el caso de las Vírgenes, éstas fueron adoptadas como patronas de las poblaciones donde se realizó el descubrimiento, siendo el origen de las fiestas cívicas y religiosas en cada municipio donde tuvo lugar el hallazgo.
El culto cristiano a la Virgen se inició a partir del Concilio de Nicea (325), pero se desarrolló durante los siglos XII y XIII. San Bernardo fue un gran impulsor de su veneración, enlazando con una tradición mística y de conocimiento ligada a la mujer. Su devoción ha arraigado en un gran número de tradiciones populares, muchas de ellas cristianizaciones elementales de creencias precristianas, y ha llegado hasta tiempos recientes, como muestran la adoración del Rosario, de los Dolores, del Carmen, e innumerables advocaciones generales y locales, las apariciones, la proclamación de los dogmas de la Inmaculada Concepción, en 1854, y de la Asunción, el año 1950.

Vinaròs, retablo de la Verge de Lledó, detalle.









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