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martes, 22 de noviembre de 2011

Un retablo de San Antonio Abad, en Vinaròs

UN RETABLO DE SAN ANTONIO ABAD EN VINARÒS


DESCRIPCIÓN
Se trata de un retablo cerámico de tipo devocional popular, representando a San Antonio Abad, que se halla situado en el distribuidor de la escalera en un edificio de dos pisos, en la calle San Cristóbal de Vinaròs.
Época/cronología: último cuarto del siglo XIX (1880-1890).
Fabricado en talleres de la ciudad de Valencia.
Medidas de los azulejos: 20 x 20 cm. y 20 x 10 cm.
Medida total del panel: 60 x 40 cm. (tres azulejos enteros en el centro y seis medios azulejos en los costados).
Técnica: pintura sobre fondo estannífero liso y decoración con estarcido, raspados, esponja para carnaciones.
Colores: amarillo, marrón anaranjado, marrón oscuro, negro de manganeso, verde oliva, azul celeste y azul ultramar, con tonos claros y oscuros.
Estampa enmarcada mediante un bocel, sombreado en su parte interior (listón de arriba y de la izquierda) con marrón anaranjado y dos trazos rectilíneos -hechos a regla- de negro manganeso, mientras que los otros dos lados -supuestamente receptores de la luz- mantienen un raspado de dos delgadas líneas paralelas que sugiere el brillo del oro que doraría el marco de  madera recreado.

La figura principal: San Antonio aparece de pie, estático con una pose solemne aunque algo rígida. Retratado como un hombre maduro y saludable, con barba espesa y cabello canoso, con una prominente calva frontal, y la cabeza recortada sobre un nimbo de luz resplandeciente. Parece interesado en la lectura de un libro que sostiene con la mano derecha, mientras su mano izquierda sujeta un bastón con forma de tau con el que apoya el peso del cuerpo. Viste un hábito blanco con delantal azul ultramar y se cubre con una capa de color marrón, los pies descalzos asoman por debajo de las vestiduras. Detrás del santo, a su izquierda, surge medio cuerpo de un cerdo color negro, con mirada inquietante, que lleva una campana colgada al cuello.

El paisaje: La representación del paisaje es muy similar a la de otros paneles de santos, se puede decir que todos los de este tipo han salido de los mismos talleres y toman un patrón o modelo estándar (igual que la moldura del marco) siguiendo el uso común de una fórmula paisajística con tres planos diferenciados; el primero una zona a contraluz con montones de tierra y hierbajos de color marrón negruzco; el segundo plano en tonos más claros ocres y amarillos con la sombra del santo proyectada sobre el suelo y detrás una hilera de hierba verde; y el tercero con unas colinas lejanas violáceas muy tenues. En la parte superior del cielo unas suaves pinceladas difuminadas de azul celeste claro sirven para dar profundidad espacial al cuadro.

El dibujo es de una buena calidad, los herbajes del primer y segundo término son característicos del taller que pintó estos retablos. La delicadeza de las montañas se obtiene mediante una aguada de manganeso. Existe un propósito de iluminación verosímil manifestado por una leve sombra proyectada por el cuerpo del santo y del animal hacia la derecha de la composición. A pesar de ello la imagen resulta rígida y convencional; el trazo sigue un mismo patrón de fabricación en serie de estos pequeños retablos devocionales, con una indefinición estilística propia del eclecticismo vigente en el periodo en que fueron realizados (1880-1890). En la uniformidad de estas pinturas solamente se individualizan los símbolos que identifican al santo o santa correspondiente.



HISTORIA Y TRADICIÓN
San Antonio Abad o Sant Antoni del Porquet (Alto Egipto, 251-356) fue un monje cristiano pionero del eremitismo y de la vida monástica. En su juventud fue un rico hacendado, el cual distribuyó sus bienes entre los más necesitados y se retiró a los desiertos de la Tebaida para hacer vida de anacoreta, quizás por esta cualidad tiene dedicadas muchas ermitas. En numerosas imágenes del siglo XIX aparecía rodeado de fabulosos animales tentadores que encarnaban la lujuria demoníaca, pero los atributos más frecuentes que le representan son un cerdo con una campana atada al cuello, un libro abierto en su mano derecha y un cayado en forma de letra tau que le sirve de apoyo (en ocasiones la campana cuelga del bastón). El cayado lo han llevado pastores iniciados y es señal de autoridad. Las campanas han alejado los malos espíritus y en su Egipto natal eran atributo de Isis y de Osiris, en Grecia de Príapo, y en la antigua Roma de Baco (Dionisos). El cerdo fue un animal agradecido por haberle curado una herida, el cual acompañó al santo durante el resto de su vida. San Antonio es el abogado contra las pestes de los animales domésticos y un protector de las cosechas. Hay un dicho en las tierras de Els Ports que dice así: “Anar més solt que el porquet de Sant Antoni, que ni menja ni beu i està grosset”. Otro: “Sant Antoni del porquet, a les velles fa carasses i a les joves fa l’ullet”

 El 17 de enero se celebra la festividad de San Antonio, en la cual es costumbre hacer multitud de hogueras en algunos lugares del Maestrat y Els Ports de fuerte tradición agrícola y rural. Al anochecer del día antes de la festividad se apila gran cantidad de leña en la plaza del pueblo para dar forma a la foguera de Sant Antoni, colocando una figura en el extremo más alto de la pila que representa al demonio. Este ninot se quema junto a la hoguera para ahuyentar los espíritus maléficos. Completan la fiesta un desfile con caballos y carros engalanados y la bendición de los animales domésticos. Antes de la Guerra de Sucesión y los Decretos de Nueva Planta, Sant Antoni era el patrón de todos los agricultores y ganaderos del País Valencià. Más adelante, la castellanización lingüística y la tradición centralista impusieron a San Isidro Labrador, que era el patrón de los madrileños, en sustitución de San Antonio. Buena parte de las costumbres de valencianos, catalanes i mallorquines, está recogida en el Costumari de Joan Amades (1890-1959), que pasa a ser la guía etnológica i etnográfica de Valencia, el Rosellón, Cataluña y Mallorca, aportando mucho material sobre los ritos, tradiciones y costumbres del País. El libro dedica un total de 78 páginas a explicar las tradicionales fiestas de San Antonio Abad en las comarcas y pueblos de Castellón.


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